jueves, 28 de diciembre de 2017

Se acaba el 17

Se nos está acabando el año, no sé si soy al único que por estas fechas le entran siempre unas sensaciones de vértigo muy extrañas. Es un momento en el que siempre incoscientemente siento que debo rendir cuentas conmigo mismo, tal vez por eso me haya lanzado a escribir y a estas horas.
No tengo ninguna duda de que este ha sido el mejor año de toda mi vida, sea cual sea el ámbito en el que lo valore supera de forma sobrada al resto. Ha sido un año de salto de sistema, de acabar con el sistema educativo (aparcar esa etapa) y entrar en el sistema laboral; la diferencia más clara entre los dos es que del segundo te puedes aprovechar para construir lo que te venga en gana a nivel personal, mientras que el primero eres tutelado y de alguna forma acabas confiando en que ese proceso que vives sea positivo y necesario para las etapas posteriores, en resumen, siempre estás esperando algo que no tienes ni idea de si va a llegar, ni en qué forma.
El 17 ha sido la desconexión de todas esas barreras, la tutela dictatorial de los estudios de Arquitectura y los límites de la vida dentro de la familia. Alguien dirá que suena frío, es el espacio en que me siento cómodo, no espero que otros lo hagan, este simplemente es mi sitio.
Este no ha sido el año en el que más me he esforzado o sacrificado, absolutamente para nada, pero sí el año donde más "éxitos" he recogido. Está claro que el pasado es un valor añadido enorme que ha ayudado, pero no se me puede quitar la idea de la cabeza, que muchas veces lo verdaderamente importante era estar ahí en el momento preciso y decir las palabras adecuadas para simplemente avanzar.
Volver a hacer todo aquello que dejé de hacer por culpa de estudiar la carrera: volver a jugar al FIFA, a Pokemon, a la Game Boy, llenar el portátil de videojuegos, un intento de hacer teatro, volver a jugar al balonmano y ver muchísimo cine y escuchar mucha música, aunque nunca dejé de hacer estas dos últimas. Es cierto que lo que desarrollamos en el ámbito laboral, muchas veces no te transmite sensaciones que se aproximen a las que he comentado anteriormente. Al final vuelves a entrar en un sistema donde estás de nuevo tutelado, sin embargo este año he aprendido que lo importante no es el qué si no el cómo.
Volver a traer a mi vida esas aficiones pasadas al final se resumía en traer nuevos retos, dos partidas de FIFA no son iguales, dos entramientos ni dos partidos de balonmano se parecen absolutamente en nada; pero siempre emocionan y siempre desafían.
Durante un año he trabajado y aprendido, este era mi mayor desafío, en un ambiente con personas muy cercanas y con una motivación que era la calidad y la precissión más alta posible. Tras un año los objetivos personales se han ido culminando y los retos ya no sonaban igual de desafiantes como al principio, por eso necesitaba un cambio.
El 17 me deja una lista interminable de experiencias increíbles (jodidamente increíbles) y encima me regala un desafío brutal para el 18, un nuevo trabajo en otra Liga.

Yo haciendo el tonto en el Reichstag, 2017

lunes, 15 de mayo de 2017

Berlin, du kannst

Siempre me sorprende y con una frecuencia enorme. La ciudad es lo que en ella sus gentes son capaces de crear y en esta se crea esperanza, libertad y mucha lucha.

Soy de esas personas que se interesa por la política, soy el que siempre mira las noticias en cuatro o cinco medios diferentes, el que mantiene al día todas las batallitas del congreso a la espera de poder argumentarlas en un futuro debate, no suelo olvidar. No me gusta la política, simplemente me emociona su potencial y lo que podriamos llegar a alcanzar con ella. Desde bien pequeño he tenido este interés. Puberto y en medio de debates de los que no comprendía absolutamente nada, tal vez fuera por eso, porque no hablaban de nada. Me inicié en esa política de caspa, de familias, de la que debes conocerte las temporadas previas, las peleas pasadas para entender las brasas en las que se cocinan los debates de hoy. No entendía nada, pero sabía que debía estar ahí.
Con los disgustos del tiempo, como componente necesario, comprendí ese lenguaje y empecé a desarrollar y protagonizar esos debates, siempre a pequeña escala, ni valgo, ni valdré, por suerte, para codearme en las grandes ligas, lo mío son los campos de tierra y mejor aún cuando se embarran. Soy murciano y de izquierdas, acaso hay mayor cruz que esa.
La política me emociona, me hace llorar cada vez que tomo parte de ella y la "suciedad", perdón, sociedad del estado español me demuestra su masoquismo y amor por la autodestrucción. Lloré en junio, cuando vi cómo se escapaba una oportunidad única de que el movimiento político más relevante en europa, por formas y contenido, no podía. Mucho sentido de aquellas lágrimas pertenecía también a mi situación personal, me había ilusionado como un crío en la campaña, con dos amigos de la infancia pegando carteles, ahora con "pelos en los huevos" saliendo a las tantas a repartir votos y empapelar el pueblo con el cartel morado a lo star wars. Sabía, también, que estos cuatro años iban a marcar mi vida, que estaba en juego construir un estado en el que poder volver o un estado al que devolver el odio desde el desprecio. Sí, hablo de devolver el odio porque es desde ahí desde donde se ha legislado y se sigue legislando en España, no es ignorancia, es odio.
Hoy un grupo de ilusos, locos del loco amor, del romántico no, del que duele, casi me hacen llorar. He visto la historia de un grupo de gente que desde el frío de un país que no es el suyo, se patean las calles, debaten, informan, colaboran y cohesionan clase para intentar mejorar un estado que les ignora. Porque si ellos acababan debatiendo con un turista españolito, niñato, con papis juristas y votante de Ciudadanos sin saber por qué; a las madres de otros les tocaba escuchar que su hijo ahora es de Podemos para sacar la paga que no pudo sacar dentro del PSOE. Reflexionamos sobre la metafísica de la política, pero son los imbéciles que hacen comentarios como los de arriba los que acaban decidiendo la balanza.
Han pasado muchos meses y muchos kilómetros entre aquella campaña y hoy, pero me sigo emocionando igual, me emociona la política, la indignación de aquellos días y la rabia de estos. Saber que no puedo estar más orgulloso de lo que hice.
Hay batallas que no se pueden ganar, por eso son las mejores, por la esperanza irracional que se les pone y lo que se aprende en ellas.

Estoy feliz de haber conocido a este grupo de santos inocentes del Círculo Podemos, aquí, en mi nueva casa, en Berlín, donde vivo porque al final no saqué ninguna "paga".