No tengo ninguna duda de que este ha sido el mejor año de toda mi vida, sea cual sea el ámbito en el que lo valore supera de forma sobrada al resto. Ha sido un año de salto de sistema, de acabar con el sistema educativo (aparcar esa etapa) y entrar en el sistema laboral; la diferencia más clara entre los dos es que del segundo te puedes aprovechar para construir lo que te venga en gana a nivel personal, mientras que el primero eres tutelado y de alguna forma acabas confiando en que ese proceso que vives sea positivo y necesario para las etapas posteriores, en resumen, siempre estás esperando algo que no tienes ni idea de si va a llegar, ni en qué forma.
El 17 ha sido la desconexión de todas esas barreras, la tutela dictatorial de los estudios de Arquitectura y los límites de la vida dentro de la familia. Alguien dirá que suena frío, es el espacio en que me siento cómodo, no espero que otros lo hagan, este simplemente es mi sitio.
Este no ha sido el año en el que más me he esforzado o sacrificado, absolutamente para nada, pero sí el año donde más "éxitos" he recogido. Está claro que el pasado es un valor añadido enorme que ha ayudado, pero no se me puede quitar la idea de la cabeza, que muchas veces lo verdaderamente importante era estar ahí en el momento preciso y decir las palabras adecuadas para simplemente avanzar.
Volver a hacer todo aquello que dejé de hacer por culpa de estudiar la carrera: volver a jugar al FIFA, a Pokemon, a la Game Boy, llenar el portátil de videojuegos, un intento de hacer teatro, volver a jugar al balonmano y ver muchísimo cine y escuchar mucha música, aunque nunca dejé de hacer estas dos últimas. Es cierto que lo que desarrollamos en el ámbito laboral, muchas veces no te transmite sensaciones que se aproximen a las que he comentado anteriormente. Al final vuelves a entrar en un sistema donde estás de nuevo tutelado, sin embargo este año he aprendido que lo importante no es el qué si no el cómo.
Volver a traer a mi vida esas aficiones pasadas al final se resumía en traer nuevos retos, dos partidas de FIFA no son iguales, dos entramientos ni dos partidos de balonmano se parecen absolutamente en nada; pero siempre emocionan y siempre desafían.
Durante un año he trabajado y aprendido, este era mi mayor desafío, en un ambiente con personas muy cercanas y con una motivación que era la calidad y la precissión más alta posible. Tras un año los objetivos personales se han ido culminando y los retos ya no sonaban igual de desafiantes como al principio, por eso necesitaba un cambio.
El 17 me deja una lista interminable de experiencias increíbles (jodidamente increíbles) y encima me regala un desafío brutal para el 18, un nuevo trabajo en otra Liga.
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| Yo haciendo el tonto en el Reichstag, 2017 |
